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Al terminar una conferencia sobre las 6 enfermedades que imposibilitan el éxito y la felicidad en el ser humano y en una empresa, uno de los asistentes se acercó a José Ballesteros con un más que evidente sentimiento de urgencia en su semblante. Tras los saludos de rigor, el asistente, un chico de unos treinta y pocos años, le preguntó: “De las 6 enfermedades que nos has explicado has comentado que para ti, una de las más penosas es la “quedirán”. Al explicarla me he dado cuenta que estoy tremendamente infectado de ella, hasta el punto que, si es verdad que la ambulancia está ahí fuera, debo irme ahora mismo para ella. Gracias por hacérmelo ver tan claramente”.
Al margen de la broma de la ambulancia, que siempre la hace José antes de entrar de lleno en la explicación de estas seis terribles enfermedades, la reflexión es bien simple:
¿En qué medida estás, amigo de VESP, viviendo tu vida o la “que te imponen los demás”?
Expliquémonos.
La enfermedad del “quedirán” tiene unos síntomas clarísimos: actuamos o nos estamos quietos en función de lo que puedan decir o pensar los demás en lugar de en función de lo que realmente nos pide nuestro ser y que, siendo bueno para nosotros, para los que nos rodean y que no hace mal a nadie (los tres requisitos fundamentales para luchar perseverantemente por algo en la vida) querríamos conseguir.
A lo largo de los años que llevamos dedicados al desarrollo personal, con la fortuna de poder disfrutar con las experiencias de cientos de seres humanos, demasiadas veces observamos cómo una gran cantidad de fantásticos hombres y mujeres desisten de luchar por lo que quieren por la simple razón de que otros les dicen que eso que quieren es muy difícil, por no decir, sencillamente imposible. La realidad, como tan bien expresa Barry Farber en su libro Los 12 Pilares de la Venta, es que es muy difícil para ellos, los que hacen esos comentarios, no para el que lo quiere de verdad.
Todos recibimos rechazos y tenemos obstáculos en nuestro camino, es parte del precio a pagar por conseguir nuestras metas, si bien, de cómo entendamos estos rechazos y los diferentes obstáculos a salvar dependerá en gran parte el que finalmente alcancemos aquello que queremos.
Barry Farber, en el citado libro plantea tres preguntas que son sencillamente excelentes para ayudarnos a hacer una correcta lectura de los comentarios de terceros, de cara a no usar sus limitaciones como nuestra excusa para avanzar en nuestro camino de éxito. Estas tres preguntas son:
- ¿Quién es esta persona que me está evaluando? ¿Es creíble?
- ¿Conoce esta persona mi verdadera capacidad?
- ¿Así que piensa que no puedo hacerlo? Le demostraré que sí puedo.
Si nos paramos a pensar sobre estas tres preguntas, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones, el que nos dice que no podemos es una persona que se pasa más tiempo viendo la tele (por ser gráficos) que logrando retos. En segundo lugar, no son personas que realmente conozcan nuestros límites. De hecho, ¿quién conoce nuestros límites? El mundo del deporte es un gran ejemplo de cómo el ser humano rompe límites con cada record conseguido. ¿Dónde está nuestro límite en todos los campos?.
Y, finalmente, la última interrogante es bien interesante. Y acaba en una afirmación. Es lo bueno de los retos. La vida nos los pone para superarnos. Es gracias a los retos que el ser humano ha alcanzado sus mayores cotas de grandeza y virtud. En la zona cómoda nadie crece. Bueno sí,... ¡a lo ancho! (pues engorda al no hacer nada).
Una vez escuchamos a un orador que contaba su historia hasta alcanzar un importante objetivo profesional que fue su “deseo de venganza” lo que le llevó a superarse constantemente hasta alcanzar su objetivo. Un “buen amigo” le había dicho que nunca llegaría a ser un gran empresario. Y ese “te voy a demostrar a ti de lo que soy capaz” fue lo que, según explicó en su amenísima conferencia, le llevó a luchar con absoluta determinación y perseverancia hasta conseguir sus objetivos.
No estamos aquí haciendo un canto a la idea de venganza, pero sí es bueno a veces, usar los obstáculos que otros nos ponen con sus comentarios como punto de referencia desde donde alzarnos hacia la victoria en nuestro día a día. Al final, conceptos como obstáculo, fracaso, golpe, no son más que ideas en la mente. De nosotros depende entenderlos como simples pruebas que ponen en evidencia nuestra sincera determinación por alcanzar nuestras metas.
Efectivamente, uno sólo está acabado cuando se rinde, no cuando se cae y se vuelve a levantar.
Te deseamos, querido amig@, que la vida te ponga muchos obstáculos pues eso significa siempre que estás en el camino del éxito. Cuanto más grandes sean nuestros sueños mayores serán los obstáculos que enfrentaremos. Pero al final, miraremos hacia atrás, y como dicen todos los que lo consiguen, también nosotros diremos: ¡Mereció de sobra la pena!
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