Boletín Agosto 2006 - Nº 20

Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad
Pearl S. Buck

Estamos ya en Agosto, el mes que, según muchos, es el mes por excelencia de las vacaciones. Sí este mes no te hemos enviado el boletín hasta bien entrado el mismo. Me confieso, soy responsable único del retraso.

Como reza la frase escogida para iniciar este boletín, he estado aprovechando los primeros 20 días del mismo para disfrutar de cientos de pequeñas alegrías junto a mi familia y mis seres queridos y confío de todo corazón, que tú, querid@ amig@ VESP, estés haciendo lo mismo, disfrutando de las pequeñas y maravillosas alegrías que nos rodean a cada momento durante estos días de vacaciones.

¡Hay tantas pequeñas y maravillosas situaciones para disfrutar en el día a día de los meses de vacaciones!

La lectura de un gran libro, (¡podría recomendarte cientos!); un paseo por la montaña, la playa o si estás en la ciudad, por la ciudad tranquila (particularmente cuando todavía estaba soltero me encantaba Madrid en Agosto); ver esa película que has estado esperando hasta tener tiempo; el ver a tus hijos jugar y reír de lo lindo con cualquier payasada;...¡hay tantos momentos para ser felices!

Y sin embargo muchas personas parece que se prohíben disfrutar el día a día en espera de que algún acontecimiento muy especial llegue a su vidas para alcanzar la ansiada y buscada felicidad, sin darse cuenta que la felicidad es una decisión que depende, solo y exclusivamente, de uno mismo. Son muchos los que dicen que la felicidad es una manera de viajar, no un hecho o un acontecimiento específico, yo también soy de esa opinión.

Mientras no aprendamos a disfrutar de cada día, siendo conscientes que puede ser el último de nuestra vida, puede ser ciertamente retante disfrutar la felicidad cada día. Y digo disfrutar y no encontrar la felicidad, porque la felicidad no se encuentra, se lleva puesta o no se lleva. La felicidad está en el SER no en el TENER. Por ello la felicidad no se puede encontrar fuera de uno mismo, por eso la felicidad no la dan las posesiones, ni lo material. Son muchos los personajes famosos que con su infelicidad a pesar de sus enormes posesiones, así nos lo atestiguan. Pero claro, pensar esto y encima decirlo en estos días suena a raro. Confío que para ti, querid@ amig@ VESP, no es así.

El magistral Beethoven nos lo dejó expreso de forma magistral en su temprano testamento cuando le escribió a sus hermanos lo siguiente: "... recomendad a vuestros hijos la virtud; sólo ella puede hacer feliz, no el dinero, yo hablo por experiencia; ella fue la que a mí me levantó de la miseria; a ella, además de a mi arte, tengo que agradecerle no haber acabado con mi vida a través del suicidio".

El genial músico, fruto, entre otras realidades, de esta concepción de la vida, realizó una de las más grandes obras de la música universal, "La misa en Re mayor", e n plena madurez, siendo, según la forma de ver las cosas hoy día, un auténtico despojo humano: estaba completamente sordo, casi ciego, arruinado económicamente y con una salud muy cuestionable. Esta obra resultó un imponente canto de agradecimiento a Dios por el regalo de la vida. Según sus propias palabras, se retiró a la frontera austrohúngara para componer "un himno de alabanza y agradecimiento al Supremo Hacedor". Como tan bien explica el excelente profesor López Quintás en su libro "La formación por el arte y la literatura", Beethoven "sabía que el hombre fecundo es el que mejor acierta a asumir los valores que se le ofrecen. Por eso no se vuelve altanero, sino agradecido".

Quedan todavía once fabulosos días de Agosto para disfrutar cada minuto con esas miles de pequeñas oportunidades que nos ofrece la Vida para ser felices. Te animo, querid@ amig@ a seguir tomando la decisión de disfrutar cada momento y así convertirnos , nosotros mismos, en fuente de felicidad para otros a nuestro alrededor, pues, otra gran verdad, es que la felicidad también es contagiosa.

Nuevamente, mil perdones por este retraso en el envío de tu boletín mensual.

Tu amigo,

José Ballesteros De la Puerta

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