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Empezamos un magnífico nuevo año y siempre es bueno recordar que si queremos resultados distintos, debemos hacer cosas distintas. Quizá esta historia, que circula por la red, nos ayude a tomar buenas decisiones para este año, y con ello, para el resto de nuestra vida
Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula. En el centro de la misma colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando un mono subía la escalera para agarrar los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, ¡¡¡ los otros no paraban de golpearle ¡¡¡
Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos. Conclusión: los monos aprenden. No son tontos
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. Lo primero que hizo al llegar el nuevo mono fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros monos, quienes le dieron una tremenda paliza.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera (aunque nunca supo porque le pegaban).
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.
El primer sustituto participó con entusiasmo en la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho: lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido.
Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.
¿Te imaginas lo que responderían los monos si les preguntásemos la razón por la que pegaban a quien intentase subir la escalera?
Obviamente no entendemos el lenguaje de estos simios, pero, no sería de extrañar que la respuesta fuera del tipo:
“No sé, aquí, las cosas ¡siempre se han hecho así!”
Al fin y al cabo dicen que el hombre procede del mono.
Lo cierto es que esta historia nos abre una magnífica reflexión a cerca de cómo se conforman los paradigmas, las creencias en el ser humano, y cómo éstas, una vez formadas, nos cuesta horrores analizarlas, darnos cuenta de su insensatez y, finalmente, cambiarlas por nuevas creencias que nos lleven a dar lo mejor, y así, obtener lo mejor.
George Horace Lorimer, en su ameno libro Cartas de un comerciante, dice: “Si hay algo que resulte menos útil que saber cuándo has fracasado en algo, es saber que has hecho sólo el trabajo necesario para que no te despidan”. Creo que esta frase encierra una simple clave del porqué muchas personas no llegan a ser felices durante su vida más que unas cuantas veces. Negociamos demasiado el precio de la felicidad y damos lo justo para “seguir tirando”, y así nos impedimos recibir lo mejor de la vida. Te invito a parar por unos minutos y reflexionar a cerca de las veces que te has sentido pleno en tu vida, … ¿no es verdad que muchas de ellas, si no todas, tuvo que ver el hecho de que te entregaste por completo y diste lo mejor de ti?
Albert Einstein afirmaba que “sólo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez humana...". Propongámonos este año 2007 dar siempre lo mejor, probar nuevos caminos para mejorar cada día, y así, descubrir nuevas vías que nos lleven más cerca de la felicidad.
Tu amigo,
José Ballesteros De la Puerta
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