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Hace unos días, en un periódico gratuito venía una noticia que puede darnos mucho que pensar bajo un titular muy impactante:“El 2004 nos dejó un 10% más guapos y artificiales” . El tema: más de 400.000 españoles se operaron de cirugía estética.
El Dr. Maxwell Maltz en su extraordinario y desde aquí recomendable libro Psico-cibernética nos cuenta, entre otros muchos fantásticostemas, cómo llegó él al mundo del desarrollo y crecimiento personal. Fue a través de observar día tras día como muchísima gente iba a su consulta de cirugía estética y reparadora para cambiar su imagen externa cuando, en realidad, lo que necesitaban era cambiar su enfoque vital.
Es curioso cómo, la inmensa mayoría de las personas al preguntarle ¿quién es?, contestan con explicaciones de lo que hacen o dejan de hacer, pero muy raramente de una forma simple y ciertamente más correcta como: “soy una persona única e irrepetible con un propósito especial y único para esta vida”. Por el contrario, las respuestas son del tipo: Soy médico de urgencias... , soy carpintero..., soy secretaria..., soy abogada..., soy estudiante... .
¿Es que no entendemos tan simple pregunta?
El problema, nos tememos es más profundo que una simple cuestión de incapacidad lingüística, ¿puede tener que ver con que vivimos en una sociedad tan materializada y enfocada en el tener que olvidamos el ser?. Y, queramoslo o no, es desde el serdesde donde llegaremos al tener, a través del hacer. Esta, en definitiva es la que nosotros denominamos la Gran Regla de la Construcción Personal:
SER+HACER=TENER
Lamentablemente, en una sociedad del bienestar como la que vivimos hoy día, parecemos nadar en contra de ese tan predicado y buscado bienestar, queriendo encontrarlo en el exterior de nosotros en forma de posesiones y bienes materiales o aditivos artificiales que nos hacen cada vez más retante profundizar en nosotros mismos para encontrar la fuente de nuestra felicidad que, en definitiva está en nuestro interior, en encontrar nuestro propósito vital y actuarlo externamente independientemente de que no sea, quizá, lo más valorado por la sociedad en que vivimos.
Hace poco tiempo, después de participar en una tertulia radiofónica, José Ballesteros De la Puerta fue interpelado por uno de los contertulios, un profesor universitario. Estaba sorprendido porque durante la misma, José había defendido el criterio de dedicarte o estudiar aquello que realmente te apasione, como principio fundamental de tu éxito. Su pregunta fue muy directa: ¿Pero tú realmente aún crees en la vocación?. Su tono, y así se lo hizo ver después, era de asombro y estupefacción. Cuando José le dijo que por supuesto si queremos tener personas felices y realizadas deberíamos enfocarnos en dedicarnos a aquello que realmente nos gusta, siempre que sea de acuerdo a los principios éticos y humanistas de que no sea malo para uno mismo o para lo sociedad en la que vivimos. Quizá el problema de este profesor, como el de muchas personas hoy día, está en el enfoque. ¿Estamos enfocados en ser felices? O ¿nos enfocamos en aparentar felicidad a partir de nuestro status, posesiones o imagen externa?
Verdaderamente es una tarea apasionante ésta de ayudar a las personasa descubrir y utilizar la grandeza que hay en ellas mismas para construir una mejor sociedad, pero como misión que hemos elegido seguir, cada día nos sentimos más comprometidos con ella. Pues cada día nos hacemos más conscientes de que los seres humanos somos mucho más importantes de lo que algunos nos quieren hacer creer.
Algunos siguen mirando la belleza de los seres humanos a su alrededor y en el espejo en función de la poca grasa, mejores cabellos, labios mejor perfilados, curvas definidas, porte más “perfecto”, el resultado: frustración, envidias, recelos, comparaciones odiosas, ...
Nosotros, llámanos ingenuos, preferimos seguir midiendo la grandeza del individuo por el simple hecho de ser eso, un ser humano, digno, único e irrepetible.
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